miércoles, 4 de febrero de 2009

la caja.-

Concierto número 5 de Beethoven. La melodía endulza la habitación que, en medio de la oscuridad, vuelve a sucumbir. Aquel interior está totalmente deslindado de la realidad exterior. La ventana es el único contacto con el mundo. Se acerca sin hacer ruido y sube la persiana. Fuera, todo está en orden. Coge la caja de música y le da cuerda. Sigue sonando Beethoven. Abraza la caja de música y, sentada en la silla negra, apoya la cabeza en el cristal. Cierra los ojos. Hace rato que está llamando a Sueño, pero no llega a tiempo. La primera en entrar por la puerta es Soledad. Y se sienta junto a ella. Las dos miran por la ventana. No ocurre nada fuera, o es que nada de lo que ocurre está a la vista de ambas. Ella no se inmuta y Soledad odia que la ignoren, por lo que se va. Y, otra vez, la escena de las repetidas noches. Ella y nadie más. Beethoven ha cesado de sonar. Vuelve a darle cuerda. Pero ahora desvía la mirada. Mira embelesada aquel pequeño muñeco que gira sobre sí mismo. Tiene un corderito justo al lado. Ambos giran al compás de Beethoven. Esa pequeña caja tiene un toque especial.

Sigue mirando la caja pero algo fuera capta su atención. Una de las farolas de la calle parpadea. La luz se enciende y se apaga. Todo ocurre en pocos segundos, por lo que todo lo que ilumina, al cabo de poco, está en la más mísera oscuridad. Es un sinsentido. Todo lo que abarca la luz de la farola, durante unos instantes, roza la posibilidad de cumplir algo. Sin embargo, cuando no hay luz, lo mismo que antes brillaba ahora cae en la más honda desesperación. Un contrasentido, cierto. Y es que a veces la vida no es más que un simple contrasentido, o una caja irremediablemente vacía. Observa con atención el parpadeo de la farola. Sigue un ritmo sosegado y lento. Ahora luz, ahora no; ahora luz, ahora no. Como ella. Toda ella también es una contradicción, un contrasentido. Sigue buscando dónde está la solución al acertijo, pero lo único que encuentra es la segunda parte del entresijo, sin haber adivinado la primera. Todo se va complicando. Y es que ella también oscila entre la luz y oscuridad.

Finalmente, la luz de la farola se apaga, y ella vuelve a la realidad tras haberse quedado absorta. La caja ya no suena, pero la sigue abrazando. Para ella representa abrazar mucho más; aquel continente al que quiere regresar. Pero de momento sigue ahí, enfrente de la ventana, mirando como avanza la noche. De momento, Sueño no ha ido a visitarla, así que la estancia cerca de la ventana se prevé larga. Las noches se han convertido en el refugio de los pensamientos que durante el día se esconden detrás de las sombras.

Todo está demasiado vacío*

domingo, 1 de febrero de 2009

a la deriva.-

No es que sea jodido, es que la situación está jodida. Desde el primer al último escalón. Todas las competencias están a punto de zozobrar e irse a pique. Cual barco sin sentido que naufraga entre las olas. Pero tiene la suerte de pertenecer a la inmensidad del mar y que nadie piense en él porque no hay nadie a su alrededor. El vacío, provocado y perseguido, es el bálsamo para salvar el desastre. Nada es lo que le rodea. El objetivo, rozar el naufragio pero no llegar nunca. La lucha interna de capitán y barco para no hundirse, aunque todo apunte a lo contrario. La superación del capitán, que tiene su vida en sus manos. Él decide. Virar todo a estribor puede ser ir a favor del viento, mientras que ir a babor puede ser el camino final a la perdición. Él lleva el timón, él manda y él decide. Cuando el oleaje lo permite, sube a cubierta y se sienta en el suelo. Lo único que tiene por delante es aquella fina, y dulce, línea que algunos llaman horizonte. Siempre elige el mismo momento: cuando cae el día. Es entonces cuando el mundo se detiene y todo tiene sentido. Aquella puesta de sol tiene un poder inconmensurable en su persona. Una vez, cogió un barco e, imitando al Principito, recorrió los mares en busca de un punto en el mundo donde pudiera ver cuarenta y tres puestas de sol. No lo consiguió. Y hoy vuelve a estar a la deriva, entre los dos grandes azules. Días antes se dio cuenta, o así se lo mostraron, de que todo carecía de sentido. La solución no era huir, era encontrarse a él mismo para que, entonces, todo mejorara. Y allí, perdido y sin nadie, empezó el trabajo de búsqueda de su propio yo. Por su cabeza deambulaban decenas de opiniones y definiciones, consiguiendo un álgido estado de saturación y pérdida general. Pero sólo allí todo lo demás desaparecía. Ver acabar el día tenía sentido. Mientras el gran astro dibujaba a su gusto la puesta de sol, eligiendo los mejores colores para pintar el marco, él no pensaba en nada.

Y una tarde cualquiera descubrió los días de lluvia*

viernes, 30 de enero de 2009

tardes perdidas.-

Ha subido las escaleras mirando cada peldaño. Ha levantado la cabeza levemente y se ha plantado en medio de la ajetreada calle. Tras una panorámica rápida del lugar ha escogido un rincón para sentarse. En el bolso, un trozo de papel y el siempre pilot negro. Y ganas y necesidad de escribir. La perspectiva era buena: justo en el corazón de una ciudad viendo pasar, a escasos metros, el pulso del mundo. Diferentes historias se han cruzado por delante, chicos con cara triste y parejas llenas de romanticismo. Niños carismáticos y ancianos entrañables. Una mezcolanza digna de ser descrita. Una niña, cogida de la mano de un adulto, se ha mirado a la chica que estaba sentada en un rincón y, con una voz realmente dulce, le ha preguntado qué escribía. El adulto, preocupándose por todo, no ha dejado fluir la conversación entre ambas. La pequeña sólo quería saber; la que no quiere crecer necesitaba aquella conversación. Pero el adulto ha estropeado el momento.

Cuando demasiadas letras ensuciaban el trozo de papel, ha decidido reposar y seguir observando el pulso de aquella ciudad. Hay vida, mucha vida. Y varios mundos dentro de aquella ciudad. Muchos, de aspecto, se parecen. Y, en realidad, son diferentes. Sigue sentada, ahora con las piernas flexionadas y los brazos rodeándolas. La cabeza reposa encima de las rodillas. Pesa demasiado como para aguantarse por sí sola. Sólo entonces se da cuenta de qué jodido es todo. O complicado. O jodidamente complicado. Da igual cómo sea, el caso es que ellos también son de mundos diferentes. Ella, en particular, además parece que no es ni del mundo real. Nada le gusta, todo se le escapa de las manos y parece que constantemente la esté poniendo a prueba. Y mientras, siguen pasando hombres que pasean perros y dos chicas que comen un helado.

Y la tarde ha transcurrido sin secreto alguno. Al cabo de un rato, ella ha decidido levantarse y unirse al pulso del mundo. Pero no lo ha conseguido. Todo es más rápido y ella no puede seguirlo. Algo está ocurriendo, otra vez. La misma sensación de hace unos meses. Y deambulando por la calle, ha vuelto a bajar esas escaleras para cambiar de zona pero siguiendo sin un destino marcado.

Lo peor está por llegar*

miércoles, 28 de enero de 2009

el día de los veintidós.-

El día que iniciaba la crisis de los veintidós ya ha acabado. La noche ha servido para pensar en todo lo sucedido a lo largo del día y, muy entrada la noche, dormir un poco. A las 00:00 el primer felicitats. Y un cierto recelo a tener que oír a lo largo del día la misma palabra. El primer regalo. Y, tras varios intentos, meterse en la cama para dormir. Pero, y no se crean que por los nervios, tampoco pudo dormir. Así que un libró amenizó las horas. El despertador auguraba el principio matutino del día. El mismo recorrido de cada día, y la misma canción. Todo predecible. O casi todo. Una silueta subiendo por la calle. Acercándose al coche. De golpe, dos personas dentro del coche, un pastel, una copa de cava, unas velas, una foto, un regalo, una postal… buaaaa. Eso es empezar bien el día.

Luego, un paseo de dos bajo el sol de Barcelona. Una comida de dos y unos momentos para nosotras. Perfecto. Algo necesario dada la complicada situación de los últimos días. Todo iba bien. El día que desataba la crisis de los veintidós, véase la opción de los dos patitos, estaba siendo mejor de lo esperado. Tal vez porque atrás quedaron las expectativas de tener un feliz día de cumpleaños. Inteligente fue Alicia y su no-cumpleaños. Luchando contra la negatividad, sólo de vez en cuando conviene hacerlo, pequeños detalles y breves encuentros hicieron del día de la crisis de los veintidós, simplemente, el día de los veintidós. Mensajes de héroes, de princesas y diosas, de journis y de fotógrafas lunáticas… Mensaje perfecto, que sólo precisa ir sin reloj, tras ridículas preguntas del millón. Y también de aquellos que nunca se olvidan.

Tras caer la tarde, un encuentro de cuatro. Dos patitos reposaban sobre un río de chocolate que, junto a una buena coca-cola, fueron el segundo pastel del día. Y así sucedió el día de los veintidós para dar paso al año de los veintidós. Nuevos proyectos, nuevas caras, una licenciatura, nuevos viajes, algunos regresos… Y otra vez en la cama, cerrando los ojos pero sin dormir. Con los ojos abiertos pero sin pensar. Y un libro llenando las horas muertas nocturnas tras el día de los veintidós.

G r a c i a s *

martes, 27 de enero de 2009

22, de mucho.-

Una vida en 22 escenas. Explicada en 22 líneas. O, a lo mejor, descrita en 22 palabras. O puede que narrada en 22 letras. 22 inviernos, primaveras, veranos y otoños. 22 momentos para recordar; la misma cifra para los que se deben olvidar. 22 derrotas, y menor el número para las victorias. 22 sollozos, susurros y suspiros. Frente a 22 enfados, decepciones y frustraciones. 22 tesoros encontrados, y otros tantos por desenterrar. 22 conversaciones de aquellas que serán eternas, de encuentros que serán perpetuos y de detalles que serán eternos. 22 genialidades y otras 22 estupideces. 22 noches sin dormir y días sin vivir. 22 puestas de sol. 22 idas y vueltas. 22 intentos que se dividen en conseguidos y por conseguir. 22 enfados con el mundo y críticas destructivas. 22 dulces y otros amargos. 22 nombres y caras. 22 cenas, cafés y sobremesas. 22 partidos de fútbol, tenis y baloncesto. 22 episodios memorables y otros por rememorar. 22 momentos de ridículo. 22 preguntas sin respuestas, embarazosas y de las que mejor no preguntar. 22 textos y rimas. 22 besos, caricias y abrazos. 22 te echo de menos, adioses, y hasta luegos. 22 despedidas para 22 reencuentros. 22 lecturas del mismo libro y 22 escuchas de la misma canción. 22 kilómetros sin destino, sin rumbo y sin dirección. 22 encuentros con Peter Pan y cartas enviadas a las alturas. 22 detalles. En realidad, 22 años.

sweet 22... I hope so*

lunes, 26 de enero de 2009

hola Noche.-

Hay noches que se escriben solas y otras que no se dejan escribir. Algunas son el reflejo del día y otras, la consecuencia. Días intensos derivan en noches sin sueños. Momentos tranquilos conllevan noches agitadas. Y, de esta manera, la noche se convierte en el mejor confidente. Las que son realmente buenas son aquellas en que las nubes pasean tranquilamente y, desde un rincón de la terraza, aquellos ojos cristalizados observan el periplo de las brumas. La oscuridad y aquellos ojos son aliados para dar vida a un momento que todos quieren adormecer, pero es, precisamente entonces, cuando hay más vida. Todos duermen y, en cambio, todo avanza.

Menosprecian el embrujo noctámbulo. Pero esos ojos saben encontrar dónde reposan los hechizos y los pequeños placeres del tan, a veces, duramente criticado mundo. Por la calle, pocas personas frecuentan las aceras adormecidas. Las farolas alumbran el camino a los sueños que se escapan, y dotan de luz a aquellos que, mañana, dejarán de ser sueño para convertirse en realidad. Algún coche profana la inmensidad del anochecer con la luz artificial de sus faros. Es en la soledad de la noche cuando los ojos se encuentran con ellos mismos para mantener una charla.

Grave resulta el error de dedicar todas las horas de la noche a dormir. Existe un cortejo, infinitamente tierno, que muchos desconocen. Sucede cuando el sueño se cuela por alguna pequeña rendija y se posa cerca de ti. La sensación es de una belleza inconmensurable y, por lo tanto, indescriptible. Es una lucha constante. No quieres que el sueño te venza. Es entonces cuando empieza todo. La reflexión interna sobre lo sucedido a lo largo del día. Recuperas momentos que durante el día has perdido y pequeños fragmentos que han quedado olvidados. Todo para rescatar la esencia de lo bello y ofrecérselo a modo de sacrificio a la noche. Cuando el ser y la noche convergen en medio de la nada, todo se torna un poco más afable, menos dañino. En ese momento, todos duermen. Menos aquellos ojos que vuelven a estar en un rincón de la terraza observando la perfección de una noche sin sueño, tras un día… tras otro día.


Buenos días, noche*

sábado, 24 de enero de 2009

....-

Una canción, un camino por recorrer, un destino al que llegar, un viento que sortear. Todo esto para el cuerpo que roza el desastre. La canción dibuja los acordes dentro de la soledad del coche. Un hope there’s someone campa a sus anchas y las notas se clavan. Existe una contraposición entre el cuerpo que no quiere y el corazón que necesita. Controversia del momento y complicación del estado. Todo para darle el placer a este jodido mundo de que, otra vez, el intento se ha resuelto de modo frustrante. Y es que la frustración empieza a ser una característica fija en el cuerpo.

El camino por recorrer es sencillo. Todo recto y al final, la salida de la derecha. No hay más, no tiene secretos. A veces es un camino muerto y otras, en cambio, demuestra su encanto. Coches y más coches. Cada uno de los cuerpos que conducen es un mundo. Algunos deben estar en consonancia con lo que ocurre mientras que, otros, eluden la realidad en el refugio del coche. Para el cuerpo, el coche da cobijo a sueños rotos, imposibles y perfectos. Exacto, aquellos que nunca ocurren.

El destino cambia. Depende del origen. Es el intercambio constante entre origen y final. Cuando A es el destino, el cuerpo se siente bien, tal vez porque se aleja de su mundo, aquel persistente y que a menudo es un lugar cruel. En cambio, cuando es B, el destino pierde ese hechizo para ser directamente un castillo, pero no de príncipes y princesas.

Y el viento, el viento es el acompañante perfecto que llena el vacío. Aporta lírica a la brutalidad de la escena personal, dibujada en la mente del cuerpo. Es la banda sonora de la película que no se ha empezado a rodar, de la que aún no se ha encontrado, ni tan siquiera, al protagonista…


Hope there’s someone*