domingo, 18 de noviembre de 2007

un lugar.-

Veía cómo caminaba sin saber adónde ir. La veía deambular por las calles, se cogía a las farolas, se subía a los bancos y acariciaba los troncos de las palmeras. Deduje que no notaba las asperezas de aquel soporte. Andaba con paso firme y mirada perdida. Creí conveniente seguirla; hacía demasiadas noches que no hablaba con ella. No sabía dónde iría, ni siquiera si tenía un destino pensado o simplemente caminaba para darle un placer al azar y que la condujera a algún lugar especial. Dejé margen entre aquella sombra agónica y mi andar.

Languidecía. No sé si era por los efectos de la luz, la inmensidad de la playa o la grandeza del mar, pero aquel ente que caminaba justo por delante de mí, decaía. Estaba abatida. No era capaz de levantar la cabeza y mirar por encima del hombro. El reflejo de la luna sobre el mar calmado dibujaba pequeños símbolos que ella rompía tirando piedras. El impacto era suave pero las consecuencias eran severas. Aquello que la luna construía para el mar con gran esmero, se rompía con un solo movimiento. Aquellas manos albergaban rabia y dolor y, sobre todo, un amor todavía sincero.

Iba descalza. Se sentó justo en la orilla y puso los pies cerca del mar para sentir cada ola que llegaba a tierra. Era la manera más tierna de pedirle perdón por romper aquel idilio entre él y la luna. Me senté unos pasos por detrás de ella. No estuve mucho rato; decidí dejarla en la intimidad que ella había querido ir a buscar. Cuando me levanté estaba sentada, con las rodillas flexionadas y la cabeza reposando sobre ellas. Demasiado peso para aguantarlo ella sola. No quise girarme, no quería franquear su momento.

Míranos, tú tan grande y a mí me haces sentir infinitamente inferior. Sin embargo, nos parecemos más de lo que crees, por eso tenemos el mismo problema; aún no hemos encontrado nuestro lugar. Y si no me crees, mírate. Eres tan inmenso para no tener que escoger un lugar. Ni los granos de tierra con los que compartes territorio ni las olas saben dónde yacer eternamente. Cada noche reposáis en un lugar distinto. Así que, asemejándome a vosotros, o vosotros a mí, yo también estoy perdida...
Y el ruido de las olas chocando contra los espigones hizo que se levantara, acariciando el mar y la arena como si fuese la última vez.

Aquella noche tardó mucho tiempo en llegar a casa. Ni tan siquiera me miró a la cara, solamente me dijo que había hablado con el mar.

Aunque seas infinitamente superior, te sigo queriendo*

4 comentarios:

Arturo dijo...

joder, jo vaig a la platja i no arrivo a sentir tot el que sent aquesta noia que parla en tercera persona... seré insensible o ella "infinitamente superior"...serà lo últim...

un petonet superwoman

Endeis dijo...

"...asemejándome a vosotros, o vosotros a mi, yo también estoy perdida..."

Quina raó tens...senzillament, m'ha encantat aquest escrit. Vaig a eixugar-me les llàgrimes.
Un petó molt fort karinyet

Endeis

Arturo dijo...

pk et queixis... 3 escrits...i crec k encara per la nit penjaré algun mes.


estic esperan que m'espliquis el abandono de ahir al msn... pk no m'oloro algo bo

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