miércoles, 9 de enero de 2008

tierras del principito.-

Las tierras del principito son un lugar inexistente. Es donde todo tiene cabida y nada tiene lugar. Es fruto de su devoción por un pequeño libro que se convirtió en gran obra. Hace semanas elaboré la presentación de una periodista en potencia, a veces nefasta, pero con una necesidad sobrenatural de escribir sobre aquello que pasea, despavorido, por su cabeza. Las ideas frenéticas, y mezcladas, dieron lugar a unas tierras desérticas por las que divagar según el oasis al que se quería llegar. El principito marcó un antes y un después. La primera vez que leyó la archiconocida obra de Saint-Exúpery, pensó que era un cuento con las ilustraciones por acabar. Ahora, lo lee cada vez que necesita huir de la cruda realidad y refugiarse.

Frente a la imposibilidad de conocer el asteroide B612, esta autora de fragmentos desastrosos y otros escritos para olvidar, creó uno a su medida. Este es uno de los oasis más queridos por algunos. El asteroide es equivalente a todo lo ocurrido aquel verano de 2005 en una pequeña aldea africana en el corazón verde de un continente que muchos ennegrecen. Son vivencias y recuerdos; momentos buenos y malos; lo entrañable y lo tierno. Es un cúmulo de sensaciones que, a día de hoy, aún le cuesta describir.

El segundo oasis pertenece a su vida, aquello que lleva ligado a ella para siempre y, en su interior. Este oasis, la mayoría de veces seco y siempre fruto de un espejismo voluntario, es sinónimo de aquello que no existe y de lo que ya no tiene. Son sus raíces más auténticas y una palmera que, pese al viento, jamás se da a torcer.

Si seguimos caminando por el monumental desierto, encontramos un tercer oasis, y tal vez el más grande, donde todos aquellos importantes en su vida tienen un rinconcito dedicado, únicamente, a ellos. La variedad de palmeras hace perfecto dicho oasis. El agua nunca falta y, jamás, es producto de la imaginación. Es lo más real que existe y se alegra de que no sea un mero espejismo.

Pero no todo es por gusto y, para soportar el calor, algunos oasis se tienen que implantar en medio de la nada. Aquel oasis, obligado en un principio, abandonado durante y olvidado ahora, fue el verdadero culpable de la creación de este pequeño desierto donde las dunas se van formando para esta soñadora utópica. Relacionado con este oasis forzudo, creó uno muy ligado a él pero totalmente diferente. Este representa la persecución de un sueño y el anhelo por conseguirlo. Un oasis sólo para dos, sólo para journis*.

Por último, y haciendo referencia a sus características, encontramos un oasis pequeño y conciso. Son pequeñas ráfagas de viento que llevan miles de granos de arena a las hojas de las palmeras y crean un ambiente de inspiración momentánea y que no ocupa más de quince líneas.

Sin duda, yo quiero vivir en las tierras del principito y dejarme guiar por la última estrella que tuvo el placer de ver a aquel niño de cabellos rizados y rubios.

Nos encontraremos*

3 comentarios:

Arturo dijo...

...m'ho sembla a mi o cada dia fas servir mes metàfores. Sembles jo, ja. Com sempre, he entes la meitat, i l'altre meitat la deixo perque me la expliquis!...


pd:un dia m'expliques, ja de pas, el conte del principito al completo.

un peto mimós

Betty dijo...

Un desert molt interessant pel qual val la pena fer-hi una passejada, no? Un escrit ple de significat i molta alegoria! M'ha encantat! Felicitats i segueix així, perque trobar un racó on llegir aquestes delícies és difícil!

Una abraçada!

Arturo dijo...

renovi ja estimada mocosa amb monyu!