domingo, 17 de febrero de 2008

de geno a ne.-

Una rebeca azul eléctrico, una camiseta blanca, unos pitillo, unas converse de color indescriptible y un pañuelo de cuadros. Enfrente, una rebeca roja, una camiseta blanca, unos pitillo, unas converse estampadas y un pañuelo negro. Sin embargo, una de las dos lleva ventaja. Una de las dos ya posee en su haber una sonrisa de oreja a oreja. Una mesa para cuatro que ellas dos llenan de coca cola, aquarius, algo para picar y mucho de lo que hablar. Pero para llegar a tal día como hoy han visto llover mucho.

No creo ni que se acuerden de cuándo empezó todo. Tal vez fue un encuentro fortuito en el colegio; tal vez en el centro cultural o a lo mejor un canguro en casa. Hacía tiempo que se conocían, pero sin siquiera hablarse; y es que no había cierta simpatía entre ellas. Pero atrás quedaron las ñoñerías de niñas pequeñas para dar paso a perfectos sábados. Allí empezaron a congeniar. Largas conversaciones en tren, en parques, en cines, en el centro cultural. Momentos duros con Robert y compañía.

Hasta que un día, todo esto superó la barrera de los sábados y empezaron a tomar parte en los martes y jueves. Cacaolats, coca cola light y normal y cigarros. Ya no había nada más, sólo estaban ellas dos. Una explicaba todo lo que le ocurría, y la otra vaticinaba todo lo que le iba a ocurrir. Y, por mal que pese, una situación similar las acabó de unir aún más. No eran conversaciones fortuitas de trabajo, ni tampoco un café rápido en algún bar. Empezaba a surgir la necesidad de verse y hablar, quedar para ponerse al día de todo lo ocurrido.

Hasta hoy. Se pasea por su segunda casa sin problemas. Coge la manta roja y se tapa. No es que tenga frío, pero sí ciertos escalofríos por lo nuevo que puede empezar a existir. Se miran y, con cierta cara de satisfacción, bajan al portal. Una acompaña, la otra, se queda. La que acompaña, pasea y piensa. La que se queda, sonríe y sueña despierta.

Llegada cierta edad, sospechas que la vida te pueda aportar nuevas amistades. Crees que es imposible. Sin embargo, siempre aparece alguien que rompe todos los esquemas. Me alegro de que hayas aparecido. No sé ni cuando ni porqué, pero me alegra. Nuestras combinaciones de ropa idénticas, por casualidad. Nuestras canciones y delirios. Nuestras resacas caseras. Nuestras miradas traicioneras. Nuestros sábados y nuestras fotos.

Sin duda, empiezas a ser alguien importante*

1 comentario:

Ne dijo...

Claro, tú también empiezas a ser algo más de mi vida, una pieza que en éstos momentos es imprescindible, y espero que siga así :)

Tenemos que hablar de ayer jeje

No sé como va esto, así que ya me explicarás!

besitos