lunes, 11 de febrero de 2008

sólo un hola.-

¿Te acuerdas cuando obligábamos a mamá a irse de viaje? La casa para nosotros tres. Cocinabas para nosotros, siendo tu especialidad dos huevos fritos. Guillermo nos miraba ensimismado mientras tú y yo leíamos a su lado. Cuando nos quedábamos solos tú y yo, no había una sensación mejor. Te tenía sólo para mí, y era una gozada. Muchas veces nos sentábamos uno al lado del otro y me contabas historias. Otras me hablabas como si la niña que tenías enfrente fuese alguien más mayor. Y tan sólo era una cría que sentía verdadera devoción por ti. Pasábamos ratos jugando a juegos de números o haciendo crucigramas. Me decías que cuando hiciese uno entero yo sola, entonces podrías mantener una conversación seria conmigo. Y fue una tarde de domingo cuando, al cabo de unas horas, acabé un crucigrama blanco para ti. Y maldigo el momento en qué empezaste a mantener conversaciones serias conmigo.

Recuerdo, con cierto desagrado, un par de conversaciones de aquellas caracterizadas con el adjetivo serias. En la primera estábamos solos, no había nadie más en casa. Salimos a la terraza y, bajo mis pies, se descubrió la crueldad del mundo. Haciendo honor a una de mis películas preferidas, esperamos a que anocheciera y me señalaste aquellos puntos que poseían luz propia. Me dijiste que cuando estuviera perdida mirase siempre hacia arriba. Y es cierto, el cielo suele ser más agradecido que el suelo. Me gusta pasear por algún lugar perdido y levantar la mirada. Recordarte. Esperar como cae el día, dando lugar a bellas puestas de sol. Empezar a ver pequeños destellos. Desde N'kondedzi, ha sido la mejor vista que he tenido jamás de este manto que nos arropa.

Pero hoy, cuando abriese la puerta, nadie me diría hola. Mamá se ha ido unos días de viaje. Guillermo me sigue siendo fiel. Pero falta algo. Mi gran enemiga ha invadido la casa sin pedirme permiso. Todo tiene sabor a soledad. Por mucho que pasen los días no logro entender nada. Y cada vez que guardo días en mi vida, te echo más de menos. Hace años que no te explico nada y que no sabes nada de mí.

La segunda conversación que respondía a las características de seria fue la última... de todas. Por mucho tiempo que pase, jamás olvidaré aquel momento. Y tus palabras marcaron para siempre mi ser.

u t o p í a*

2 comentarios:

Arturo dijo...

ets una reina... i no dic res mes per no repetir-me i per no semblar exagerat

Albert Gual dijo...

Escrius com els àngels...intentaré aprendre més de tu, encara em queda un llarg camí!

Divendres ja me'n torno cap a Itàlia però seguiré escrivint paraules sinceres des del meu petit racó dins d'aquest món globalitzat.

Arrivederci bambina.