miércoles, 9 de abril de 2008

el reencuentro.-

Ayer por la noche me esperó. Estaba sentada en el portal. A medida que me iba acercando, veía en ella algo diferente. No era la ropa ni el pelo. Aparentemente parecía todo igual. Pero había algún destello en ella que la hacía especial y, sobre todo, diferente de los últimos días. Fue mientras recorría los últimos metros cuando me di cuenta de lo que le ocurría. Estaba sonriendo. Hacía meses que había perdido aquella costumbre. Es cierto que nunca dejaba de sonreír, pese a todos los contratiempos. Pero ayer volvía a sonreír de manera consciente. Quería sonreír, no podía esconder su ilusión. Ilusión. Hubo un momento de su vida en qué la borró de su diccionario, pero tuvo el detalle de no borrarla para siempre sino apartarla.

Cuando estuve justo enfrente de ella se levantó y me susurró un gracias. No era necesario que dijera nada más. Sabía que en esa sola palabra tenía cabida un discurso largo y sentido. Un pequeño sollozo conllevó un largo abrazo. Cuando me acerqué a ella, sentí que su cuerpo temblaba y su pulso estaba acelerado. No daba crédito a lo que estaba ocurriendo. Aquellos síntomas sólo eran producidos por un sentimiento. Es cierto que había olvidado, pero ahora podía volver a sentir algo. Tenía licencia para volver a querer. No sabía si querría hablar, o sencillamente me había esperado para darme a conocer la noticia, pero ya está. Sin embargo, no fue necesario preguntárselo porque la proposición de ir a dar un paseo surgió de sus labios.

Cabizbaja y dando patadas a todo aquello que sus pies encontraban, de vez en cuando me explicaba alguna de sus últimas situaciones vividas. Una leve sonrisa iluminaba la noche y ni los árboles conseguían hacer sombra a la plenitud de su momento. Desde siempre me ha gustado escuharla. Pero ayer mucho más. Sus palabras casi rozaban la perfección. Y de golpe, en un pequeño claro del parque por el que deambulábamos, empezó a saltar y a chillar. Era el impulso de aquello que llevaba dentro. Lo sentía. Yo me senté en un banco y la observé. Sonreí. Entonces me di cuenta de que el mundo se había vuelto un poco más amable con ella.

De vuelta a casa, no dijo nada. Tan reservada como siempre, como ya recordaréis, sacó las llaves del bosillo y abrió el portal. Justo delante de la puerta de su habitación me volvió a susurrar un gracias. Y me rogó que nunca me fuera demasiado lejos. Ayer por la noche, ella durmió tranquila; oía su respiración acompasada y acorde. Fui yo la que libró una batalla con el sueño. Pensé en todo lo que había pasado hasta el momento, y entonces apareció el miedo. Miedo a que volvieran a lastimarla. Había despedido a su villano, a aquel a quien había dibujado aún sabiendo que no formaría parte de su cómic de héroes. Y ahora empezaba a trazar los primeros bocetos de alguien. Estos primeros bocetos la estaban devolviendo a la vida. Sin embargo, ayer no pude dormir por miedo a que estos bocetos sólo lleguen a ser caricaturas.

bienvenido a mi mundo*

1 comentario:

Arturo dijo...

Saps que el text m'agrada... saps que no només perquè l'hagis escrit tu! Però el que mes m'agrada és que desprès de blogs i blogs tu m'entens i jo t'entenc!!!! tenim com un llenguatge propi entre "villanos", héroes, dibujos, cómics, bocetos, caricaturas, musas i mundos propis que és, això mateix, un món propi dels dos =).


un petonet supermim