martes, 1 de abril de 2008

tu añorada.-

Hola papá. Aquí estoy otra vez, en tu día cero y mi día sin aliento. No sé qué me ocurre pero, cada día cero que sumo, más me cuesta soportarlo. Empiezo a tenerle un miedo considerable a todos los inicios de mes. Pero, no lo entiendo. Todos los días te echo de menos por igual y cada día pienso en ti y en todo lo que nos robaron. Pensaba que el día en qué todo empezó, o acabó, sería el más doloroso, el más difícil de superar. Sin embargo, ese día no fue nada en comparación a cualquiera de los que he tenido que vivir después. No sé dónde buscarte, dónde encontrarte... no sé dónde estás. El otro día no sabía dónde ir, estaba realmente angustiada por todo y cogí el coche. Me acerqué hasta donde los creyentes creen que permanecéis por siempre jamás. Siento no creer lo mismo que ellos, supongo que me parezco mucho a ti. Pero, aquel día, tenía la necesidad de engañarme y sentarme cerca de algún lugar en el que a lo mejor estuvieras. Paseé hasta llegar a la que fue tu última guarida. Y fue precisamente en ese paseo sin sentido cuando me di cuenta de que sólo existes en un lugar y sólo perteneces a un sitio. Existes en mi interior y me perteneces a mí.

Papá, jamás he entendido por qué nos hicieron esto. A menudo, por no decir siempre, le doy vueltas. Intento encontrar una explicación más o menos lógica, pero soy incapaz de lograrla. Al principio, todos se sorprendían porque no desprendía cólera alguna. Pero no han descubierto que el paso de los años y el crecimiento de cólera son directamente proporcionales. He aprendido a administrarla, pero te puedo asegurar que ahora ya vive en mi interior. Convive con todo lo que te explicaría, pero que no te puedo contar. Convive con todas las lágrimas que escondo, porque no quiero dar lástima.

Sabes papá, hoy he estado mirando nuestras fotografías. Desde que yo era una enana hasta hoy, pasando por aquel cruel octubre que lo cambió todo. Le tengo especial aprecio a todas aquellas en las que yo no levanto un palmo del suelo y tú siempre estás a mi lado. Los paseos por el prado, los días de piscina, los momentos de lectura. Pero mis predilectas son todas aquellas en las que salgo con mis dos chicos; mis dos Guillermos. Me jode, y perdón por mi vulgaridad, tener que recurrir a instántaneas para verte. Odio llevar una fotografía siempre encima porque sé que, cuando llegue a casa, tampoco te voy a ver. Te voy a contar un secreto; me encanta que me digan que me parezco a ti.

Por hoy me voy a ir despidiendo, pero no sin antes decirte que hoy me he puesto tu joya de la corona. En días como hoy, no paro de mirar el reloj. Pero no miro ni la esfera ni las agujas. Todo va más allá. Veo el primer día que te dije que de mayor me lo quedaría yo. Cuando me lo pusiste y me dijiste que aún era pequeña. Hoy aún baila en mi muñeca, pero ya me he hecho mayor. Me han obligado. Anhelo que nuestro reloj señale el día dos y deje atrás tu día cero y mi día sin aliento.

Tu añorada empedernida*

2 comentarios:

Arturo dijo...

Odio comentar-te aquests blogs perquè em sembla que en part no tinc dret a fer-ho. Ni quan vas patir tan et coneixia ni, gairebé, sabia que existies... i em sap greu. Crec que ets la persona que millor sap traslladar una cosa que li crema tant per dins i convertir-la en un petit regal, mentre que, els qui ho veiem des de fora, gaudim de com se'ns posa la pell de gallina al adonar-nos del que estem llegint.




crec que l'única cosa que es pot dir es un Felicitats pel text i un gràcies per escriure'l

Betty dijo...

La pell de gallina i les llàgrimes poden definir breument el que em produeix llegir els textos que dediques al teu pare... ÉS IMPRESSIONANT, INDESCRIPTIBLE!

Ànims en cada dia zero... Ànims!