martes, 13 de mayo de 2008

absoluta.-

Yo la conocí. Era una día de verano, unos cuantos años atrás. Paseábamos los dos por la playa y, entonces, la noté en mi interior. Era una sensación que empezaba en mi hombro izquierdo, justo sobre el que reposaba tu mano. Se expandía por momentos y, cada rincón de mi cuerpo se estremecía cuando notaba su paso. Aquel paseo, mientras un día cualquiera de agosto caía sobre la playa y el mar en calma, la conocí. Los ingredientes que propiciaron aquel encuentro entre ella y yo fueron dos; uno, tú, papá. El segundo, el paisaje. Aquel verano, yo aún era una niña pero, sentados en primera línea de mar, me dijiste que crecería de golpe. Con sutileza, y una delicadeza que casi nadie fue capaz de ver en ti, me mostraste la cara más humana del mundo. Me hablaste del mar, aquella superfície azul que tanto odiabas, pero que, por mí, acariciaste. Y yo te hable del cielo, la otra inmensidad azul.

Llevabas unos tejanos mal cortados y yo, para parecerme a ti, los corté justo antes de salir. Sentados, jugueteábamos con la arena entre nuestros dedos y fijamos la vista en el horizonte. A ti te debo la devoción por el mar, por la playa. También, mi simpatía hacia los libros y la necesidad de escribir sobre todo y sobre todos. Hablamos largo y tendido. Justo enfrente teníamos la unión de la imposibilidad, el cielo y el mar confluían en un sólo punto. Y entonces me dijiste que por muchas cosas que pasaran entre nosotros, seguiríamos juntos. No seríamos com el cielo y el mar que parecen que se tocan, pero llevan caminos paralelos e infinitos sin un cruce en común. Nosotros, seguiríamos un mismo camino, por lo que siempre estaríamos juntos. Y acertaste.

Aquel atardecer de un día de agosto cualquiera, conocí la felicidad. Y ha sido la mejor sensación que he tenido jamás. Tú eras el principal motivo de ella, aquella charla, aquella tarde. Fuiste artífice de lo mejor que me ha ocurrido nunca. Me enseñaste y conseguiste que creyera que la felicidad era algo más que un imposible; entre tú y yo era una realidad. Y esa escena es el último momento que conservo en mi retina que significa felicidad absoluta.

Al morir, te llevaste algo más; lo absoluto*

1 comentario:

Arturo dijo...

...espero que t'hagis rellegit el que has escrit i te n'adonis que cada frase del text és simplement perfecte. No cal que rimis.


Ja saps que no faré cap comentari mes, perquè em deixes sense paraules.


un petó s0l*mimat*