domingo, 21 de septiembre de 2008

esas noches.-

Grita no, no, no, mientras atraviesa el comedor rápidamente para llegar a su guarida. Tras dos segundos de desconcierto entra y cierra la puerta. Se apoya en ella y se deja caer lentamente hasta sentarse en el suelo y perder la mirada en algún punto que ni siquiera sabe dónde buscar. En realidad no la he visto entrar, tan sólo he oído que llegaba y cuando ya no hacía ruido me he levantado sigilosamente y me he acercado a su habitación. Luz apagada y una ténue melodía de fondo. Y allí estaba. Tumbada en la cama. Mirando el techo, las manos debajo de la cabeza, las piernas flexionadas y un cojín cerca. Otra vez no. Es aquella posición fatídica que augura un mal presagio; el peor. Síntoma principal de una noche que será larga y donde no tendrá cabida el sueño hasta muy entrado el amanecer. Y entonces la ténue melodía se mezcla con un sollozo. La leve luz que entra por la ventana muestro el fruto de aquel sollozo. Una lágrima resbala rápidamente por su mejilla hasta impactar con la almohada. Pero la siguiente es más dolorosa.


La siguiente recorre su rostro más despacio, más lentamente. Esta segunda avisa que lo malo vuelve a ganar terreno. Cada vez que se detiene en algún lugar del recorrido facial es un recuerdo que se clava. Es algo que existió y ya no está. Es una noche de risas entre mil abrazos. Es una cara conocida y sus más preciados tesoros. Cada vez que esa lágrima se detiene es para decirle que un todo perfecto no existe.

Pero no, no puede ser. Otra vez no. Cuando me doy cuenta de que estoy violando la intimidad que más necesita albergar me retiro sin hacer ruido. Y entonces soy yo la que no puede dormir. Me tumbo y me concentro para poder atravesar las paredes y oír su respiración tranquila, pero que también llora. Y me imagino su cabeza y el torbellino de ideas que está paseando por allí. Y pienso en la enorme lista que hace para sí misma de todos los errores cometidos. Y me doy cuenta de que en seguida me vence el sueño, pero no quiero dormir. Quiero dormirme después de haberla oído respirar en paz. Pero se prevé una noche larga, así que ambas miraremos el techo con las manos debajo de la cabeza, las piernas flexionadas y un cojín cerca. Yo, consciente de que no tardaré en dormirme y preocupada porque vuelven esas noches...

Esas noches, una estrella brilla con más fuerza*

2 comentarios:

Anónimo dijo...

cala hondo........buff....

Admiradora

Arturo dijo...

Si et dic que és la 5ena vegada que m'he llegit el text i encara no arribo a entendre el què?... estem perdent telepatia?
Per aquesta falta de enteniment no sé què dir-te, així nomès em queda admirar-te com sempre, perquè cada dia escrius i t'expreses millor.


del teu dibujante*