lunes, 2 de marzo de 2009

rey s0l

Ni los primeros sorbos de sangría, ni la lluvia, ni el olor a gasolina fueron la causa de aquella página nueva del cómic. El mismo cómic de siempre, con el mismo dibujante. Ambos habían quedado relegados, que no olvidados. Pero durante aquella noche, con demasiadas caras conocidas, pedían a gritos ser otra vez protagonistas de su historia. Aquella imperfecta. Y de la que no recuerdan las primeras viñetas. Pero ambos saben cómo ir añadiendo páginas. Tras semanas de nada, una noche, y sin quererlo, llegó todo. Otra vez. Aquella gasolinera, sin saberlo, fue escenario de un principio; y también predecía un final. Tan sólo era necesario avanzar el reloj unas horas para resolver la duda. Mientras la lluvia dibujaba pequeños mosaicos en el suelo, ellos pintaban las ilustraciones. Habían perdido la costumbre. Pero poco necesitaron para darse cuenta de que por mucho que se acabaran los colores, ellos podían seguir pintando. Tienen ese don. Por eso, a veces, se confunden con superhéroes.

1 comentario:

Arturo dijo...

Quizás fueron los sorbos de sangría, o que la lluvia nos quería ver tanto como el sol, quizás es que la gasolina quería formar parte del combustible que nos hace rodar, no lo sé. Sé que lo hechaba de menos, ese todo, casi tanto como a "ella", a sus imperfecciones, a las viñetas que no solo forman parte de nuestro cuento sino del suyo propio.

Gracias. Solo déjame que te pida que nunca se terminen las viñetas, con colores o sin ellos, que sean capaces de recordarte que al lado de el heroe siempre estará el dibujante.




te prometí otra canció que me recordaba a ti:

"el niño que sonreía en todas tus fotografías,
el que demostró como abrir un corazón sin cirugía,
sin mas ilaciones fueron siameses nuestros corazones,
te hicieron perfecta tus imperfecciones"


un peto pleasure