viernes, 6 de marzo de 2009

saudade.-

Preveía una vuelta agitada. Pero el sol amansa a las fieras e, incluso, llegaría a calmar a un escorpión. Asfalto por delante y un día por detrás que había empezado demasiado temprano. Lo suficientemente temprano como para desear que se acabara inmediatamente. Pero el control del tiempo aún es una utopía para los humanos. Y un coche vagabundea por el asfalto de siempre sujeto a un hilo musical. Esta vez, una banda sonora. Y allí está, el cielo se está tiñendo de amarillo. Es el último resquicio del sol de hoy. Y lo observa todo desde primera línea. Es la despedida. Pero una despedida consentida y a sabiendas de que, en realidad, es un simple hasta mañana. El sol, mañana, volverá a salir. No hay línea de horizonte. Las nubes han creado un mullido cojín para decirle al sol que por hoy ya es suficiente. Mañana será otro día. Pero el descenso del sol por entre la frontera de nubes es un verdadero espectáculo. Y los demás coches que pisotean el asfalto ni se dan cuenta.

Existe un lugar donde las puestas de sol son verdaderamente bellas. Donde nadie se puede resistir al encanto que desprende el gran astro. Donde es imposible no quedarse embelesado recogiendo la última pizca de calor del día. Allí, el sol resplandece sobre una tierra maltratada y olvidada. A veces, la califican de tierra negra e, incluso, hablan de ella como un inmenso agujero negro. Tienen razón, es negro y, para demasiados, un agujero. Y, pese a todo, es digna de admirar. Bajo ese sol y, acariciando esas tierras, aprendes qué es la vida. Es tan sencillo como un buenos días, un abrazo o que un niño se acerque y te coja de la mano. Esas tierras, calentadas por un sol diferente al del resto del mundo, te enseñan que la vida es precisamente eso, una despedida constante donde, para conseguir un reencuentro, lo único que tienes que hacer es vivir.

Y entre fotografías de un verano de hace años, se imagina el verano próximo. Y advierte que, a medida que se va acercando el momento, tiene miedo a lo que no se puede encontrar. Cuatro años no han bastado para que dejara de pensar en aquellos días. El diario, leído enésimas veces, ha sido un punto de conexión directo. Y, aquellos ojos, el deseo de regresar y volverlos a ver. Lejos queda aquel 15 de agosto cuando subió al coche y no fue capaz de despedirse de ellos. Era temprano y el coche recorría los kilómetros sin preguntarles si se querían ir. Alguien podría haber formulado la pregunta. Iba sentada en la parte trasera y descubierta del coche. No quería ver lo que había por delante, simplemente observar todo lo que dejaba atrás. Aquella aldea le había dado muchas lecciones. Y un anhelo incesante de regresar, incluso antes de irse. Escribió en aquel diario que un día voltarei. Dentro de poco podrá decir solamente até amanha.

2009*

2 comentarios:

Arturo dijo...

mira que m'agraden tots els teus diaris de viatges, però crec que sempre tindré especial interès en llegir el què serà escrit al 2009.



PD:com es nota qua vas anar a la exposició de fotos eeeeeh =)

un petó pleasure*

Anónimo dijo...

Ei Maria jo també vaig anar a la exposició de la ONG, ja et vaig veure. Va estar bé eh!!! suposo que ja esteu preparant molt be el camp de treball d´aquest any. Que guai. Bueno adeu!!