jueves, 6 de diciembre de 2007

dieciséis.-

Dieciséis inviernos. Todo empezó un día gélido de esta estación. Desde entonces, hemos pasado inviernos en pequeños pueblos, en ciudades amuralladas de inconmesurable belleza, en tierras de mamá... pero siempre juntos. Parte de los días de invierno los dedicábamos a viajar en tren horas y horas. Y fue el principal motivo por el que me enseñaste el placer de la lectura. Me decías así el tiempo pasa más rápido. Hoy en día, aún sigo leyendo para que el tiempo acelere su ritmo pausado. Los inviernos han dejado de gustarme porque sigue haciendo frío, pero ya no tengo tu calor para aliviarme.

Dieciséis primaveras. Paseábamos por los parques de todas las ciudades que nos han ido acogiendo. Nos conocíamos los mejores rincones, perfectos para estar Guillermo, mamá, tú y yo. De uno guardo un grato recuerdo... tal vez porque fue uno de los últimos. Esta estación servía para prepararnos los viajes, otra vez, a tierras de mamá. Mi tierra no tiene playa... la de mamá sí; por eso nos gustaba ir. Cuando estábamos allí jamás me dejabas y siempre eras mi aliado, eras el único que no te reías de mi acento patético.

Dieciséis veranos. Sin duda, era la mejor estación. Toda entera para ti. No tenía nada más que hacer, sólo disfrutar de ti, aprender de ti, vivir de ti... Piscinas y playas eran nuestra mejor compañía. Al principio me enfadaba contigo porque me obligabas a pisar el fondo del mar y hacerme amiga de las algas. Si pudiese, te contaría que aún les tengo pánico. Guillermo era la pesadilla de todos los veraneantes por culpa de las ráfagas de arena que levantaba. Y mamá, imagínate, en la tierra que decidió dejar atrás por nosotros.

Dieciséis otoños. Nuevos colegios, nuevos cursos, y el primer día que siempre me acompañabas tú. Los otoños a nosotros nos parecían veranos porque nos dedicábamos a rememorar todo lo que habíamos hecho en la estación anterior. Algunos otoños fueron más duros que otros, pero al final acababan siendo dulces. No sé como te lo hacías pero todo acababa teniendo una dulzura especial, dejando atrás la amargura que presentaba en un primer momento.

Perfecto fue el invierno que me trajo, genial aquella primavera, bello el último verano y espléndido el otoño madrileño. Pero se acabó el ciclo de perfección con el fatídico otoño que trajo malas noticias y no dejó, ni siquiera, dar paso a nuestro último invierno. Porque hace cuatro primaveras, veranos, otoños y, dentro de poco, cuatro inviernos que cada día te echo más de menos.

Dulces sueños allí dónde quieras que duermes para siempre*

3 comentarios:

Lara dijo...

t'he dit mai q ets una campiona?
t'admiro
ens veiem aquesta nit...:) testimo

karmeta dijo...

Seguro que desde ese lugar te sigue queriendo con locura.

Seguro que desde ese lugar te guía y te guiará por los senderos de la vida.

Seguro que desde ese lugar lee tus sentimientos...

Yo, desde mi lugar, estoy aquí absolutamente para todo...

Arturo dijo...

...avui és tan perfecte, que no mereixo ni comentar aquest text...
el millor de tots.

un petó molt fort i dos abrasades de regal