domingo, 24 de enero de 2010

otra noche.-

Todo está en silencio. Como ella en los últimos días. No sé qué le ocurre pero aquellos ojos hablan más de lo que ella piensa. La delatan. En cada lágrima que no vierte lleva escrito un momento. En cada mirada perdida hay la búsqueda de un recuerdo. Y en cada gesto triste la sensación de que se aleja. Ayer por la noche escuché cómo lloraba. Estaba sentada en el suelo, envuelta en una manta. El radiador era el foco de calor que, en contacto con su espalda, conseguía que aún siguiera viva. A su lado, dormía un libro. Ella, lo intentaba. Pero conciliar el sueño parecía imposible. Y lo fue. No controló sus pensamientos, su poca dosis de raciocinio no logró imponerse a lo que de verdad siente. Me senté para poder observarla, pero ella no me veía. Simplemente, no quería verme. A veces nos cuesta entender a qué se deben las personas o porqué actúan de cierta manera. Es lo que a mí me ocurre con ella. Me cuesta entenderla pero, ayer, mientras observaba cómo escondía la cabeza entre sus brazos, como si tuviera vergüenza por llorar, comprendí lo que siente. Jamás había tenido ese sentimiento. Apareció de la nada, un día cualquiera. Convirtiéndose en algo realmente mágico. Y ayer escondía la cabeza. Por no haber estado a la altura. Por haber creído en lo imposible. Pero nada puede hacer con ese sentimiento incondicional e irrevocable. Y, con él, se ha levantado. Ha pasado justo por mi lado pero no me ha mirado, no ha dicho nada. Ha abierto una puerta y se ha sentado en una cama. Oír su respiración es uno de los mejores sedantes. Pero tampoco ha conseguido que el sueño llegara a ella. Y sin soñar, sólo pensando, se ha levantado. Una ducha y un paseo hasta el quiosco. Esperando su turno, los más madrugadores hablaban en clave deportiva. Alababan a uno y criticaban a otro. Hablaban de presión. Y le han pedido opinión. Sin embargo, el más escéptico ha dudado de que tuviera conocimiento alguno. Se lo ha puesto fácil… ha pagado el periódico y con una media sonrisa se ha despedido. Sin abrir boca, sin opinar. De vuelta a casa ha mirado la portada. Y, como de costumbre, ha leído la última página. Una vez en casa, se ha adentrado en el periódico. Domingo, sí. Pero le gustaba más leer la prensa en la redacción. Pero no se puede tener todo. Periódico en mano, ha empezado por el principio. Como siempre, leyendo de manera desordenada. Un destacado, el titular, una parte de la crónica, la contra de dos páginas después. Pero así es ella. Caótica. Y, de entre mil imágenes, un pie de foto… curioso. Que ha conseguido la primera sonrisa del día. Muchas son las películas, y muchos los directores. Pero ahí estaba escrita. La misma película, recordando un clásico. Un momento de aquellos que no se olvidarán fácilmente. Pero ha vuelto a formar parte de la prensa para huir de sus pensamientos. Aún sin despertarse, ha decidido escapar de aquellas cuatro paredes. Ha avisado, el trajecte serà una mica més llarg. Sin saber dónde ir, una llamada para escuchar alguna sugerencia. Vols mar? Sí. La solución, unas costes que se han mostrado muy acogedoras. El sol, tímido, intentaba salir. Pero el día gris convertía el paisaje en algo mucho más bello. Una parada, corta. Pero ha parado. A sus pies, literalmente hablando, el inmenso azul. Detrás, la protección de una montaña. Y ella, allí, sin formar parte de nada, sin formar nada, sin ser nada. Nada. Y justo delante un todo. Está enfadada con ella misma, lo sé. Lo llevaba escrito en los ojos cuando tras poner la llave en la cerradura ha entrado en casa sin decir nada. Ingenua. Cree que si no habla todo está arreglado. Sin embargo, otra vez, se equivoca. Sé que esta noche también será larga. Pero hoy no estaré, no miraré. Voy entendiendo que las noches son su refugio, lejos de las miradas de muchos. Mientras todos duermen, ella observa el mundo. Y se observa.
buenas noches a los que no duermen*

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